Cartografía de una gravedad prestada

Silueta de un hombre robusto cayendo de lado dentro de un haz de luz sobre fondo negro, ilustración minimalista que simboliza una caída emocional y la búsqueda de una gravedad propia.

Nota del editor

Hoy empieza un camino que llevo tiempo queriendo transitar en palabras. Un mapa desdibujado con la geografía emocional intacta. Espero que te guste este camino que te comparto, porque este es mi mapa. Esta es mi cartografía.

Cartografías: aquí no cuento lo que pasó, dibujo el mapa de lo que significó.

Durante mucho tiempo, demasiado tiempo, sentí que algo me faltaba. Mejor dicho, algo me sobraba, y no podía compartirlo con nadie.

Durante un tiempo no tuve peso propio.

No flotaba, pero cualquier campo de atracción ajeno bastaba para moverme. No importa de dónde viniera ni qué prometiera. Si tiraba de mí, yo iba.

La encontré en una zona donde las brújulas fallaban. No porque estuvieran rotas, sino porque señalaban demasiados nortes a la vez. Ella parecía estable. Yo interpreté esa estabilidad como dirección.

La soledad compartida me daba atención, y cada vez que la recibía mi cuerpo se reorganizaba. Los huesos cedían un poco, como si estuvieran hechos para adaptarse a otra forma. Me acomodaba sin resistencia, agradecido por no tener que sostenerme solo.

Tantas veces me desvié y volví rebotado a mi camino que ya perdí la cuenta. Ella ya existía en mi camino, pero justo empezó a tirar de mí en un momento que volvía a mi camino e iba lleno de arañazos por muchos lugares de mi anatomía.

No recuerdo conversaciones. Recuerdo fuerzas. Una gravedad suave, constante, que no empujaba, atraía. No hacía falta caer. Bastaba con dejar de oponer resistencia.

También recuerdo que ella no venía sola, pero ella era una experta. Era una experta jugando con los polos de cuerpos ajenos, atrayendo y repeliendo a su antojo con una experiencia que yo tan solo anhelaba.

En ese territorio los gestos tenían masa. Una palabra suya podía desplazarme días enteros. Un silencio alteraba mis órbitas. Yo giraba alrededor de aquello sin preguntarme qué centro estaba ocupando.

Hubo señales, pero entonces no sabía leerlas. Mi sombra no coincidía conmigo. Llegaba antes a los sitios. Se iba después. Yo la seguía como si fuera una versión más segura de mí mismo. Ella tenía la experiencia que en ese momento tanto buscaba.

El problema de vivir bajo una gravedad prestada es que acabas olvidando la tuya. Cuando intenté moverme por impulso propio, no pasó nada. El cuerpo no respondió. No era inmovilidad: era desorientación. Había pasado tanto tiempo que había perdido el camino.

Un día, sin pretenderlo, encontré una puerta que prometía una gravedad propia. La puerta cedió, y su fuerza me atrajo de vuelta. Pero ya no era lo mismo. La oscuridad se convirtió en mi compañera del día a día. No recuerdo tenerle miedo a la oscuridad de pequeño. En ese momento, con veintimuchos años, sentí un pánico atroz a la oscuridad.

Un día dejé de ser atraído. Caí. No lejos. No fuerte. Pero caí. Fue como si el campo que me atraía desapareciera.

Tardé tiempo en volver a pensar. En recuperar la densidad suficiente como para quedarme quieto sin ayuda. Pero la oscuridad iba dejando paso a lo que primero fue una luz tenue. Desde entonces, cuando algo me atrae con demasiada facilidad, no me acerco; me compruebo.

La cura gravitatoria no vino de repente. No fue instantánea. Volví a salirme del camino. Volví rebotado a él. Pero ya nunca fue lo mismo. Ya no volvía con arañazos. Ya no tenía moratones. Ya no cambiaba mi gravedad por una prestada.

Sigo creyendo en la gravedad.

Pero solo en la que nace de dentro.

Si esta cartografía te ha tocado aunque sea de refilón, me encantaría que siguieras caminando conmigo. Puedes unirte a la newsletter mensual, apoyar mi escritura con un café o simplemente quedarte cerca y leer a tu ritmo: tú eliges desde qué planta de esta arquitectura de lectura asomarte a lo que hago.

Buñuelo de queso apoyar


Descubre más desde No matamos al gato | Blog de Álex Calvet

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Publicado por Álex Calvet

Escribo, leo y a veces me lo creo. Descubrí el rol y los cómics a los 30, pero nunca es tarde si la frikada es buena.

Un comentario en “Cartografía de una gravedad prestada

Deja un comentario

Descubre más desde No matamos al gato | Blog de Álex Calvet

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde No matamos al gato | Blog de Álex Calvet

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo