Sáhara Occidental. Parte 3: Marcha Verde y Acuerdos de Madrid (1975-1991)

Marcha verde 1975

Nota del editor

Ahora que Marruecos está en boca por la celebración de la Copa África de fútbol masculino en su territorio, no está de más recordar que siguen ocupando un territorio que tiene un pueblo, no está vacío.

En 1975 (11975 HE) España tenía un problema grave en el Sáhara Occidental, pero otro todavía más grande en casa; Franco se estaba muriendo. Una pena.

Cuando un Estado entra en modo «dictador agonizante», la política exterior suele convertirse en un trámite molesto. El Sáhara, que llevaba quince años esperando un referéndum que nunca llegaba, pasó a ocupar exactamente el lugar que le correspondía en la agenda española, ninguno.

Fue entonces cuando Marruecos decidió mover ficha. Y no con tanques, sino con una idea brillante desde el punto de vista propagandístico: invadir un territorio con civiles y banderas.

La Marcha Verde o cómo invadir sin parecer invasor

La Marcha Verde no fue una manifestación espontánea de entusiasmo patriótica. Fue una operación organizada por el Estado marroquí, cuidadosamente planificada, financiada y dirigida. Cientos de miles de civiles cruzando una frontera para reclamar territorio ajeno.

La idea era simple y eficaz: si España respondía con fuerza, dispararía contra civiles. Si no lo hacía, el mensaje sería claro, el territorio estaba disponible.

España, para variar, eligió no hacer nada.

Mientras tanto el dictamen de la Corte Internacional de Justicia acababa de dejar claro que Marruecos no tenía soberanía sobre el Sáhara Occidental. Pero los dictámenes no detienen multitudes, y menos cuando quien debería hacerlos valer está más preocupado por su propia transición interna.

España miró la escena, calculó riesgos y decidió que el Sáhara no merecía una crisis.

Y así es como se perdió el Sáhara Occidental. Ah, no, la frase no era así, a nadie le dolió perder un desierto vacío lleno de gente.

Los Acuerdos de Madrid: firmar la huida

En noviembre de 1975, con Franco literalmente en el lecho de muerte (qué pena, otra vez), España firmó los llamados Acuerdos de Madrid. El nombre ya es una obra de humor involuntario, pues no fueron acuerdos de paz, ni de autodeterminación, ni de transición ordenada. Fueron, básicamente, un acta de retirada apresurada. Patriotismo en estado puro.

España se comprometía a abandonar el territorio y a transferir la administración a Marruecos y a Mauritania. No la soberanía, porque no podía hacerlo legalmente, pero sí el control efectivo.

El pueblo saharaui no fue consultado. El referéndum prometido desapareció del vocabulario. La ONU no avaló los acuerdos. Pero España firmó igual.

acuerdos de madrid 1975
Fuente: Europa Press

Legalmente, aquellos acuerdos no resolvían nada. Políticamente lo resolvían todo; España se iba, Marruecos entraba y el problema quedaba convenientemente desplazado bajo una montaña de arena.

Aquí la historia deja de ser irónica y pasa a ser brutal.

La huida al desierto

Ante el avance marroquí, decenas de miles de saharauis huyeron hacia el interior del desierto y cruzaron a Argelia. No por romanticismo revolucionario, sino porque quedarse implicaba bombardeos, persecución y represión.

Así nacieron los campamentos de refugiados de Tinduf. No como proyecto político, sino como solución de emergencia que, por alguna razón incomprensible, dura ya varias décadas.

España, mientras tanto, se fue. No dejó mecanismos de protección. No aseguró el proceso de autodeterminación. No asumió responsabilidades posteriores.

Se marchó convencida de que el tiempo, una vez más, haría su trabajo sucio.

El alto el fuego que congeló la injusticia

Tras años de guerra, en 1991 (11991 HE) se alcanzó un alto el fuego entre Marruecos y el Frente Polisario, con la creación de la MINURSO (Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental). El objetivo era claro, organizar el referéndum de autodeterminación.

Sí, ese referéndum.

El eterno.

Treinta años después sigue sin celebrarse.

Ojos que no ven…

España sostiene hoy que su responsabilidad terminó en 1975. El derecho internacional no es tan optimista.

Para la ONU, el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio pendiente de descolonización. Y España, le guste o no, no ha salido completamente del cuadro. La herida no se cerró. Se tapó deprisa y mal.

España no disparó en la Marcha Verde. No bombardeó campamentos. No ocupó el territorio. Hizo algo mucho más cómodo: irse cuando su presencia todavía importaba.

En la siguiente parte la historia se vuelve contemporánea. Estados Unidos entra en escena. España vuelve a hablar. Y el referéndum eterno se transforma, al fin, en una renuncia oficial con membrete y firma.

Porque siempre se puede traicionar una vez más. Solo hace falta llamarlo «realismo político».

¿Conocías la Marcha Verde? ¿Qué opinas de que Marruecos usara a civiles organizados para ocupar territorio ajeno?

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Publicado por Álex Calvet

Escribo, leo y a veces me lo creo. Descubrí el rol y los cómics a los 30, pero nunca es tarde si la frikada es buena.

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