Sáhara Occidental. Parte 2: El referéndum eterno (1960-1975)

Sáhara español mapa

Nota del editor

Se me hace complicado escribir con objetividad sobre este tema, pero me he esforzado al máximo, citando documentos fácilmente localizables.

En 1960 la ONU cometió una imprudencia imperdonable, decidió preguntar en voz alta qué iba a pasar con los territorios coloniales que aún sobrevivían al siglo XX como fósiles políticos. La respuesta fue la Resolución 1514 de la Asamblea General, un texto claro, directo y poco dado a interpretaciones creativas: los pueblos colonizados tienen derecho a decidir su futuro.

España leyó la resolución, la entendió y decidió seguir una misma estrategia durante los siguientes quince años, no negarla nunca y no aplicarla jamás.

El Sáhara Occidental entró así en la lista de territorios no autónomos pendientes de descolonización. España figuraba oficialmente como potencia administradora, y eso significaba obligaciones concretas hacia la población saharaui. La ONU no estaba pidiendo favores, estaba recordando responsabilidades.

España eligió el camino más cómodo y cobarde para con el pueblo saharaui: ganar tiempo.

Prometer autodeterminación sin permitirla

A partir de los años sesenta el discurso español comienza a llenarse de palabras tranquilizadoras. Se habla de autodeterminación. Se menciona la posibilidad de un referéndum. Se asegura que el proceso está en marcha. Todo queda por escrito, todo parece razonable, todo suena bien.

Pero vamos a pensar. España estaba en plena dictadura, que no se caracteriza por preguntar ni pensar en su pueblo. Pues eso, que no cumplió nada de lo dicho.

Cada retraso viene acompañado de una nueva excusa: la complejidad tribal del territorio, la falta de un censo fiable, la necesidad de estudios previos, la inestabilidad regional. Ninguna de estas dificultades era insalvable. De hecho otras descolonizaciones, en contextos mucho más complejos, se estaban llevando a cabo en esos mismos años.

Pero, si aún quedaban dudas, el objetivo nunca fue resolver el problema, sino aplazarlo.

Así nace el referéndum eterno, un proceso que siempre estaba anunciado, siempre en preparación y siempre pendiente de una condición más. El derecho a decidir no se negaba abiertamente; se aceptaba en abstracto y se anulaba en la práctica.

Marruecos reclama y España duda

Mientras España practicaba la dilación elegante, Marruecos empezó a reclamar el Sáhara Occidental como parte de su territorio histórico. Lo hizo apoyándose en vínculos antiguos con algunas tribus saharauis, convertidos súbitamente en argumento de soberanía.

España tenía margen para actuar con claridad. Podía defender el proceso de autodeterminación. Podía apoyarse en el marco de la ONU. Podía proteger políticamente a la población saharaui. No lo hizo.

Prefirió no incomodar a Marruecos, no precipitar decisiones y no asumir costes diplomáticos. La ambigüedad se convirtió en política de Estado. Y la ambigüedad, en estos casos, siempre beneficia al más fuerte.

Es el momento de desmontar otro relato recurrente: España no estaba atrapada entre fuerzas imparables ni acorralada por un contexto imposible. Tenía el respaldo jurídico, tiempo y legitimidad internacional. Lo que no tuvo fue voluntad de enfrentarse al problema antes de que el problema se volviera inmanejable.

Cuando esperar deja de ser una opción

En 1973 aparece el Frente Polisario. No surge como un capricho ideológico ni como una importación revolucionaria. Surge porque una parte creciente del pueblo saharaui entiende que la autodeterminación prometida no va a llegar por vía administrativa.

El mensaje es claro y poco espectacular: si nadie va a cumplir lo que promete, habrá que forzarlo a escuchar.

España, lejos de interpretar esta aparición como una señal de alarma, insiste en su estrategia habitual. Más informes. Más plazos. Más lenguaje diplomático cuidadosamente vacío. El referéndum eterno ya no es un retraso torpe; es una forma de gestionar el conflicto sin resolverlo.

La Haya habla claro, España no

En 1975 la cuestión llega a la Corte Internacional de Justicia. Marruecos espera un aval jurídico a sus pretensiones. España espera, como siempre, que el tiempo juegue a su favor.

ONU resolución 1514 descolonización
Fuente: ONU

El dictamen es incómodo para muchos, pero inequívoco en lo esencial: existen vínculos históricos entre Marruecos y ciertas tribus del Sáhara, sí, pero no existe soberanía territorial. El pueblo saharaui tiene derecho a la autodeterminación.

El derecho internacional había hablado con claridad, ya no habían excusas técnicas ni jurídicas. Solo quedaba decidir si se iba a cumplir lo que se llevaba quince años prometiendo.

España volvió a decidir no hacerlo.

Cuando el retraso se convierte en culpa

El referéndum eterno no fue un error administrativo ni un fallo de cálculo. Fue una estrategia sostenida en el tiempo. Aceptar el principio de autodeterminación para tranquilizar a la comunidad internacional y vaciarlo de contenido en la práctica.

España no fue engañada. No fue sorprendida. No fue arrastrada sin margen de maniobra. Decidió posponer una decisión hasta que otros la tomaran por ella.

En la siguiente parte el tiempo se acabará. Franco morirá. Marruecos avanzará. Y España demostrará que siempre se puede hacer algo peor que no decidir: marcharse sin cerrar la herida y llamar a eso responsabilidad histórica.

Y aún hay quién se pregunta cómo pudo ser que España dejara de ser un imperio.

¿Por qué piensas que España dilató tanto su responsabilidad? ¿Crees que era responsabilidad de España asegurar el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui?

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Publicado por Álex Calvet

Escribo, leo y a veces me lo creo. Descubrí el rol y los cómics a los 30, pero nunca es tarde si la frikada es buena.

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