España vs. Francia. Parte 2: Desde Napoleón hasta hoy

Rivalidad España Francia

Nota del editor

Esta es la segunda parte y final de esta serie sobre España y Francia, dos vecinos molestos. La información ha sido mucha y tediosa, por lo que he intentado dejarlo en un artículo divertido y ameno. Espero haberlo conseguido.

Si la rivalidad hispano-francesa antes de 1808 era un hábito, la invasión napoleónica fue el equivalente histórico a que tu vecina se meta en tu casa, abra la nevera y se beba tu gazpacho. Desde entonces la relación quedó marcada por una mezcla de traición, desconfianza y un placer casi gastronómico por fastidiarnos mutuamente.

Sin olvidar que antes de Napoleón los franceses ya nos habían impuesto un rey con su victoria en La Guerra de Sucesión tras la muerte de Carlos III. Una saga de monarcas endogámicos que, no olvidemos, aún no hemos conseguido quitarnos de encima.

Y, como veremos, ese run run no se evaporó con Napoleón. Al contrario, mutó, se refinó y acabó aterrizando en el deporte, Eurovisión y en cada comentario que un español hace cuando oye a un francés hablar de «civilización».

Napoleón no leyó el manual de instrucciones

La jugada napoleónica fue un prodigio de diplomacia estilo bulldozer. Primero invitó a Carlos IV y a Fernando VII a Bayona para «charlar», igual que un gato invita a un ratón a descansar. Luego los obligó a abdicar. Un sencillo «ya que paso por aquí, pues…». El resultado fue la imposición de su hermano José Bonaparte como rey de España.

Spoiler: no funcionó.

La llegada de José I encendió España como un mechero. Tanto que antes preferían a Fernando VII (sí, ese rey apodado «El rey felón») que al francés más ilustrado de Europa. España siempre ha tenido muy claro cuándo no quiere que la civilicen.

A los españoles les gusta renegar de su país y de sus instituciones, pero no permite que lo hagan los extranjeros.

Napoleón Bonaparte desde su cautiverio en Santa Elena

Mientras tanto Goya retrataba la invasión con la sutileza de un martillazo. En Los desastres de la guerra dejó grabado un lema que hoy sirve para cualquier lunes:

Esto es peor.

Goya, Lámina 37
Los desastres de la guerra, lámina 37. Goya
Los desastres de la guerra, Lámina 37, Goya. Fuente: Wikipedia

Y no mentía. Fue peor.

Siglo XIX: Francia, ese ex tóxico

Con Napoleón fuera, Francia dejó de ser un invasor para convertirse en un irritante cultural permanente. Por un lado España adoptaba modas, teatros, arquitectura y todo lo que oliera a glamour parisino. Por otro, el pueblo seguía viendo al francés como sinónimo de pedante con patas.

El Diccionario de Terreros (1787) define gabacho como «Natural de las montañas de Francia, rústico y necio».

Y la palabra se quedó ya para siempre en el arsenal del español medio.

Mientras tanto los ilustrados franceses no perdían oportunidad para describir a España como un safari de inquisiciones y supersticiones.

España es un país donde la sangre de los hombres corre por cuestiones de teología.

Voltaire, Dictionnaire Philosophique, voz «Espagne»

Y claro, eso en España caía regular. Muy regular.

Los fusilamientos del tres de mayo, Goya
Los fusilamientos del tres de mayo, Goya. Fuente: Wikipedia

Siglo XX: De exiliados a turistas y viceversa

El siglo XX fue una montaña rusa diplomática, política y emocional.

Trans la Guerra Civil española (y durante) miles de españoles cruzaron la frontera buscando refugio. Francia los acogió, sí, pero también creó campos de internamiento para recibirlos, como Argelès-su-Mer, descritos por Manuel Azaña con esta frase amarga:

En Francia no nos han recibido, nos han encerrado.

Azaña, Memorias políticas y de guerra

Un recordatorio de que Francia es muy de «te abro la puerta, pero tampoco abuses».

Después llegó la avalancha turística, en la que franceses en chanclas invadieron las costas españolas en los 60 y 70, en pleno blanqueamiento de la dictadura franquista. Era la versión playera del Tratado de los Pirineos, pero con crema solar (algo que deberían aprender los turistas británicos, que vienen a freírse pero sin pan rallado).

La prensa francesa describía España como «exótica, barata y soleada», lo cual es una forma educada de decir «lo suficientemente cerca para volver rápido si nos aburrimos».

Siglo XX tarde y XXI: el deporte como campo de batalla emocional

Aquí la rivalidad se volvió deliciosa, sobre todo para España, que vengó las invasiones, los campos de internamiento y la pedantería a golpe de pedaleadas, goles y canciones.

En ciclismo, Miguel Induráin ganó cinco Tours seguidos (1991-1995) y dejó al público francés con cara de «esto no puede estar pasando». La prensa gala llegó a hablar de una época de «humillación nacional» en el Tour de Francia. Más o menos lo que pasó más adelante con el tenista Rafa Nadal y Roland Garros, dónde con catorce títulos demostró que se le da mejor una raqueta que pensar y hablar (se le da muy mal, en serio).

En baloncesto, las selecciones de España y Francia han vivido una telenovela deportiva. Cuando España eliminó a Francia en su propio Mundial (2014), el capitán francés Nicolas Batum dejó esta frase:

Perder contra España en casa es lo peor que me ha pasado en mi vida

Nicolas Batum, Declaraciones post partido, 2014

Y eso que Francia inventó la palabra «tragedia» en literatura.

En fútbol masculino, mientras España ganó Mundial y dos Eurocopas, Francia alternaba éxitos con puñetazos en los vestuarios, motines internos y un cabezazo de Zidane que aún estudian psicólogos.

Eurovisión. No hay cita para esto, pero si escuchas a la delegación francesa cada vez que España queda por encima entiendes que hay tradición. Claro, que últimamente eso pasa poco a menudo.

Cultura pop, clichés y un amor-odio muy mediterráneo

Los franceses siguen viéndonos como un lugar pintoresco donde la gente cena tarde, duerme siestas infinitas y baila flamenco por defecto. Y los españoles seguimos viendo a los franceses como seres que fingen que no sudan, se enfadan cuando pierden, se enfadan cuando ganan y presumen de vinos y quesos sin pararse a probar los nuestros. Y seguimos fingiendo que no nos duele cuando dicen que la tortilla de patatas es solo una omelette mal hecha.

España es el espejo donde Francia no quiere mirarse.

Pierre Vilar, Historia de España, 1964

Y ahí estamos, mirándonos mutuamente por encima del hombro desde lados opuestos de los Pirineos. Y entre medias un montón de youtubers en Andorra que no quieren pagar impuestos. Pobrecitos.

Conclusión: lo nuestro no es odio, es tradición

Por tanto, querido lector y seguidor (y primo) fiel, España y Francia son como esos vecinos que se odian, pero si uno se muda al otro le entra nostalgia inmediata.

Nos reímos de ellos, nos caricaturizan, les ganamos en deporte, nos critican, y así una y otra vez.

Y lo mejor es que sigue funcionando.

Porque seamos sinceros, si algún día Francia dejara de picarnos, España tendría que buscar otro enemigo cultural urgente. Y eso da muchísimo trabajo. Además de que los británicos son muy sosos para esto de insultar y criticar, solo usan el fuck una y otra vez.

Pues este es el fin de esta serie cortita. ¿Qué te ha parecido? Esta historia se repite a lo largo del globo, con rivalidades Colombia-Venezuela, México-EEUU… pero solo cambian los insultos.

¿Sobre qué tema te gustaría leer? Tengo varios en investigación, así que no vamos a aburrirnos. Pero ya sabes que puedes contactarme, conversarme, insultarme, o incluso proponerme una colaboración en la sección de Contáctanos. Seguro que tienes algo que decir, y quiero leerlo.

Y, por supuesto, si aún no quieres insultarme, siempre puedes invitarme a un café y a un buñuelo de queso (tengo mono de buñuelo de queso) haciendo click en el Súper Buñuelo del amor de abajo.

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Publicado por Álex Calvet

Escribo, leo y a veces me lo creo. Descubrí el rol y los cómics a los 30, pero nunca es tarde si la frikada es buena.

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