Lo de Israel y Palestina. Parte 4: Del 7 de octubre al presente

Ruinas Palestina

Nota del editor:

Esta es la cuarta parte de una serie de cuatro. Llamar «final» a esto sería un insulto a los que aún respiran polvo.

Quizás haya un quinta parte. O quizás no haga falta escribirla, puede que se escriba sola, con la voz de los que quedan.

Eran las seis y media de la mañana del 7 de octubre de 2023.

El sol apenas había subido cuando el cielo sobre Israel se cubrió de puntos negros: cohetes, paracaídas, disparos.

Hombres armados cruzaron la frontera desde Gaza. En minutos los noticiarios del mundo entero abrían con una palabra que ya no se borraría: Hamas.

Aquella mañana más de mil israelíes murieron en sus casas, en las calles, en un festival de música al aire libre.

El país que se creía invulnerable descubrió que también sangraba. El gobierno israelí habló de un «nuevo 11-S», y lo trató como tal.

La respuesta: fuego sobre fuego

Horas después los aviones israelíes despegaron. Los drones sobrevolaron Gaza. Las bombas comenzaron a caer sobre barrios enteros. Netanyahu, presidente del Estado de Israel, prometió «borrar a Hamas del mapa». Pero los mapas no distinguen entre combatientes y niños. Dos millones de personas quedaron atrapadas en una franja de terreno.

Cada golpe aéreo convertía una calle en polvo, un hogar en un cráter.

En pocos días Gaza ya no era una ciudad: era una herida abierta.

Los hospitales colapsaron. No quedaban ambulancias. La electricidad se cortó.

Y la gente, una vez más, buscó refugio donde no quedaba refugio.

La tierra sin llaves

En las ruinas, entre los escombros, muchos rescataron las llaves de sus antiguas casas (las de 1948) como si el metal aún recordara la promesa del regreso.

Eran las mismas llaves que sus abuelos llevaron colgadas del cuello cuando fueron expulsados durante la Nakba.

Setenta y cinco años después esas llaves seguían sin puerta.

La historia se repetía. Solo que ahora el mundo la veía en directo, en tiempo real, desde sus móviles. Y, sin embargo, parecía que nadie podía detenerla. Esta vez no había promesas de un nuevo hogar.

Los que no quieren mirar

La ONU habla de riesgo total de hambruna. Las cifras ya no caben en los titulares: más de 67.000 muertos, una cuarta parte de ellos niños. El agua escasea. Las escuelas son refugios. Los hospitales, cementerios.

Fuera, los líderes discuten ceses al fuego, treguas humanitarias, promesas vacías. Las sanciones no llegan.

La gente marcha en las calles, se grita «¡Libertad para Palestina!» mientras otros responden «¡Israel tiene derecho a defenderse!».

Palestina libre
Fuente: La Razón

Las redes hierven, los gobiernos titubean.

Y en medio los muertos no votan, no opinan, no eligen.

Mientras tanto, Donald «Carrot» Trump, el presidente useño, habla de convertir la franja de Gaza en un reclamo turístico sin palestinos.

Israel dice que lucha contra el terrorismo. Pero el terrorismo, esa palabra que siempre encuentra dueño y nunca definición, ya ha cambiado de rostro.

Nakba eterna

Mientras el mal llamado Occidente plantea su próxima jugada de Risk, hablan de un alto el fuego, el sufrimiento continúa entre los palestinos, esos que suman ya 76 años sin hogar, sin tierra, sin promesas.

La guerra no termina cuando se apaga el fuego.

Termina cuando alguien se atreve a mirar lo que quedó.

Hoy Gaza es un espejo. Uno que devuelve al mundo su propio rostro: la indiferencia, el miedo, la excusa.

Y mientras los drones siguen girando sobre las ruinas, una generación nueva abre los ojos. No verá el mapa que heredó. Lo redibujará con sus manos, o con su rabia.

Porque la quinta parte ya empezó.

Solo que no la escribe un periodista o un juntaletras como yo.

La escribe quien sobreviva.

Solo espero que la historia recuerde esto como lo que es, no una «guerra», si no una Nakba eterna.

Nakba 2023
Fuente: elDiario.es

Si has llegado hasta aquí, gracias por leer con ganas y con mente abierta. He intentado contarte esta historia con objetividad; no espero que estés de acuerdo conmigo, tan solo te pido te informes, leas, pienses.

Y si te gusta lo que hago puedes invitarme a un cafelito, a un buñuelo de queso o a lo que quieras. Lo hagas o no, aquí seguirás encontrando palabras con pasión. Y si compartes este artículo me harás muy feliz.

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Publicado por Álex Calvet

Escribo, leo y a veces me lo creo. Descubrí el rol y los cómics a los 30, pero nunca es tarde si la frikada es buena.

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