Manos manchadas: relato sobre la violencia doméstica desde los ojos de un niño

Nota del editor

Uno de los superpoderes que tenemos los escritores es la capacidad de intentar ponernos en los ojos de quién queramos, de lo que queramos. En este caso en concreto quise meterme en los ojos de quién ve maltratar al centro de su vida, tratar de empatizar. O quizá este relato no vaya de empatizar.

Papá entró en casa dando un portazo. El susto hizo que se me cayera el muñeco que llevaba en la mano. Me acurruqué entre la cama y la mesita, sin poder evitar temblar.

Papá empezó a dar chillidos sin parar. A mamá no la escuchaba. Oí el primer golpe. Me puse a cantar mi canción favorita. Seguía oyendo los gritos. Me tapé los oídos mientras tarareaba.

Escuché el segundo golpe. Quería que parara. No paraba. El segundo golpe. Salí de mi cuarto con miedo. Me acerqué con cuidado al comedor. La mesita del pasillo estaba rota, esparcida por el suelo.

Llegué al comedor y allí estaba mamá, tirada en el suelo con el labio sangrando y cogiéndose el brazo izquierdo. Papá se giró hacia mi:

– Niño, ¡lárgate a tu cuarto de un puta vez!

Salí corriendo hacia mi cuarto, pero tropecé con una pata de la mesita rota del pasillo. Desde el suelo vi la cocina. Volví a oír un golpe enorme. Giré la cabeza y vi, encima del banco de la cocina los cuchillos con los que mamá partía el pollo. Entré despacio a la cocina. Escuché a mamá gritando. Cogí uno grande, el que mamá siempre decía «Cuidado cariño, corta mucho».

Andé, sin saber como, hacia el comedor. Esquivé la mesita rota del pasillo. Llegué al comedor. Mamá estaba tumbada en el suelo. Papá estaba sentado encima de ella pegándole en la cara. Levanté el brazo en el que llevaba el cuchillo y se clavó en el cuello de papá.

Papá se levantó con la mano en el cuello, sacó el cuchillo y me miró con los ojos hinchados y rojos. Se cayó de rodillas… y se desplomó en el suelo sin moverse.

Me acerqué corriendo a mamá y la abracé. Me dijo con una voz muy suave que le acercara su teléfono móvil. Llamó por teléfono, y vinieron los yayos y unos señores vestidos de amarillo que se llevaron a mamá en una cama con ruedas.

A papá se lo llevaron en otra tapado con una sábana de pies a cabeza.

¿Crees que alguien tiene el poder de dañar lo que cree suyo? ¿Crees que las personas tenemos dueño? No sé ni si quiero leer los comentarios. No sé ni si habrá comentarios. Pero eso también será una respuesta.

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Publicado por Álex Calvet

Escribo, leo y a veces me lo creo. Descubrí el rol y los cómics a los 30, pero nunca es tarde si la frikada es buena.

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