Lo de Israel y Palestina. Parte 2: La Nakba, el desarraigo y las dos narrativas

Judíos llegando a Palestina 46 47

Nota del editor

Esta es la segunda de cuatro partes sobre el conflicto entre Israel y Palestina. No busco que estés de acuerdo conmigo, tan solo que no te creas todo lo que veas, leas u oigas.

En 1948 nació un país. Pero en ese mismo año, otro pueblo perdió el suyo. Para unos fue el cumplimiento de una promesa milenaria; para otros el principio de una herida que aún sangra.

Esta es la historia de cómo el sueño de unos se convirtió en la pesadilla de otros.

El mundo tras la guerra

Europa acababa de salir del infierno. La Segunda Guerra Mundial había dejado millones de muertos, ciudades arrasadas y una palabra que pesaba más que todas las bombas: Holocausto.

El exterminio de seis millones de judíos cambió para siempre la conciencia del mundo. Muchos sintieron que el pueblo judío merecía, al fin, un hogar seguro, un lugar donde nadie volviera a expulsarlos o matarlos por ser quienes eran.

Y ese lugar, creyeron muchos, debía ser Palestina.

¿Pudo el sentimiento de culpa del llamado bando de los Aliados llevar a ese pensamiento?

El plan de la ONU

En 1947, las Naciones Unidas (recién creadas tras el fin de la guerra) propusieron un reparto: un Estado judío y un Estado árabe.

Pero el mapa era desigual. Los judíos eran una tercera parte de la población, pero recibirían más de la mitad del territorio. Jerusalén, ciudad santa para judíos, musulmanes y cristianos, quedaría bajo el control internacional.

Los dirigentes judíos aceptaron, conscientes de que era su oportunidad.

Los árabes lo rechazaron, convencidos de que era una injusticia. No entendían por qué tenían que pagar ellos los crímenes de Europa.

Era un choque inevitable: dos pueblos reclamando la misma tierra como suya.

Palestina no fue la única tierra pensada para ubicar el Estado de Israel [haz click para información extra]

Desde su creación, el movimiento sionista consideró varios lugares para establecer un Estado judío, como Uganda o Chipre, descartados por motivos políticos y de seguridad. Incluso el zar Nicolás II, en el siglo XIX, ofreció a los judíos la posibilidad de establecer el Estado judío en la Patagonia, en Argentina, rechazado por la lejanía con la historia judía.

El nacimiento de Israel

El 14 de mayo de 1949, el líder sionista David Ben-Gurión proclamó el nacimiento del Estado de Israel. Fue un momento de júbilo para el pueblo judío. Por primera vez en casi dos mil años tenían un país propio.

Pero esa misma noche comenzó la guerra. Egipto, Siria, Jordania, Líbano e Irak atacaron al recién nacido Estado.

Contra todo pronóstico Israel resistió. No solo sobrevivió, si no que amplió su territorio más allá de lo que marcaba el plan de la ONU.

En poco más de año y medio de guerra Israel pasó a controlar el 78 % de la antigua Palestina. Además Gaza quedó bajo control egipcio, y Cisjordania y Jerusalén Este pasaron a manos de Jordania.

La Nakba: la catástrofe palestina

Para los palestinos aquello no fue una independencia, sino una catástrofe. Le llaman Nakba, que en árabe significa eso mismo: «catástrofe» o «desastre».

Más de 700.000 palestinos fueron expulsados o huyeron aterrados de sus casas. Aldeas enteras fueron destruidas o vaciadas. En su lugar se levantaron nuevas ciudades israelíes con nombres hebreos.

Los refugiados se amontonaron en tiendas improvisadas en Jordania, Líbano o Siria, esperando poder volver. Nunca los dejaron regresar. Sus llaves, esas que aún conservan muchas familias, se convirtieron en símbolo de una promesa rota.

Israel celebraba el «Día de la Independencia». Palestina lloraba la Nakba.

Dos países, dos memorias, dos verdades que se negaban a coexistir.

Dos relatos, una herida

Desde entonces, cada año, mientras en Tel Aviv se lanzan fuegos artificiales, en los campos de refugiados de Gaza y Líbano se levantan pancartas con las fotos de los pueblos perdidos.

Lo que para unos fue el principio, para otros fue el fin.

Y así empezó la verdadera guerra: no la de tanques y misiles, sino la de los relatos.

Porque cada bando empezó a contar la historia a su manera. Y cuando dos pueblos no pueden ponerse de acuerdo ni en lo que pasó, imaginar un futuro compartido se vuelve casi imposible.

De guerras y promesas

Israel había ganado la guerra, pero no la paz. Los palestinos habían perdido la tierra, pero no la esperanza.

Durante las décadas siguientes el mapa se llenó de fronteras, muros y promesas incumplidas. Surgió la OLP, nacieron las intifadas, y el conflicto dejó de ser solo una disputa local para convertirse en una herida abierta al mundo.

Pero de eso hablaremos en la siguiente parte: cuando el sueño de los dos Estados comenzó a desvanecerse.

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Publicado por Álex Calvet

Escribo, leo y a veces me lo creo. Descubrí el rol y los cómics a los 30, pero nunca es tarde si la frikada es buena.

4 comentarios sobre “Lo de Israel y Palestina. Parte 2: La Nakba, el desarraigo y las dos narrativas

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