Nota del editor
Esta semana traemos una historia que no busca causar lástima ni respuestas fáciles. Jeni debuta en el blog con un texto breve pero afilado como un cuchillo sin mango: lo coges y te corta. No voy a decir más. Léelo. Si puedes compártelo. Si te remueve, no huyas.
¿Qué quieres que ocurra cuando de el aviso al policía de turno de que hace más de 20 años una niña pequeña fue manoseada y maltratada por su padre?
¿Quieres que un juez diga: eres un monstruo y mereces ser castigado con la cárcel?
Pues lo siento mucho, pero tal y como tenemos el sistema judicial en España, eso no va a ocurrir.
Esta fue mi respuesta a esa pregunta que me hizo una personita de 16 años cuando estuve dando una charla en su instituto. Por una parte me chocó que de todo lo que relaté, su «duda» fuera esa, sin saber si denuncié o no, dando ya por hecho la complejidad del sistema político y judicial que nos ampara.
Pero por otro lado me dio algo parecido a «orgullo» observar la sensibilidad y el razonamiento que se esconde en su mente adolescente.
Otro momento que hizo que me haya pasado todo el finde pensando fue el de: si vieras a tu madre ahora por la calle, ¿qué pasaría? Y yo, que tengo la fama de no saber callar, he callado ante semejante cuestión. Quizás una parte de mí necesite silencio como sinónimo a olvidar o simplemente que no sé la respuesta.
Sea como sea, hay una cosa que está clara: la tortilla con cebolla, el queso con vino y una educación sexual son tres cosas fundamentales en esa sociedad avanzada que tanto anhelamos.
Si has llegado hasta aquí, no me digas “lo siento”. Dime qué vas a hacer con lo que has leído. Dímelo con tus conversaciones, con tu incomodidad, con tus preguntas a los de al lado. Porque el silencio fue siempre el mejor aliado del abuso. Y ya va siendo hora de romperlo.
Si te ha hecho dudar aunque sea por un segundo, compártelo. Por que de lo que no hablamos, parece que no existe.
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Un comentario en “¿Por qué no denuncias? La verdad incómoda sobre el abuso infantil y el silencio social”