Nota del editor
Hay cartas que atraviesan siglos. Hay heridas que, aunque se digan en voz baja, no cicatrizan solas. Esta entrada no habla (solo) de Van Gogh. Habla de los silencios que pesan más que los aplausos, de los artistas que crean desde los márgenes, de las soledades que no salen en las biografías. A veces el arte nace de un cuarto sin ventanas. Y a veces, lo que nadie se pregunta, es lo que más urge decir.
Para un momento e imagina. Un escritor terminando su novela, rematando el final de lo que es su mejor obra hasta el momento, sentado en una mesa de una cafetería, solo. Una pintora dejando su pincel flotar sobre el lienzo mientras intenta captar el maravilloso paisaje que observa a través de sus ojos, sola. Una música dando los últimos acordes a esa balada profunda que ha sido capaz de componer en una noche de insomnio, sola.
Probablemente sea el gran estereotipo del artista. Un artista solitario, antisocial, encerrado en su mundo, quizás con la ayuda de cualquier droga que desactive su raciocinio.
Cuando descubrí la carta que dejo abajo, me vinieron a la mente Kurt Cobain, Emily Dickinson, Joaquín Sabina, Antonio Gala, Uma Thurman… todos ellos artistas que eligieron, abrazaron o vivieron en soledad. Van Gogh escribe esta carta hace 150 años, pero sus miedos siguen estando de actualidad.
Tanto ayer como hoy, hay artistas creando e inspirándose desde la trinchera del silencio, desde la esquina donde nadie mira, desde el rincón donde no hay aplausos. Personas que sacan belleza de la herida, que transforman la ausencia en palabra, sonido, color.
Pero el equilibrio entre la introspección y el aislamiento es frágil. Muy frágil. ¿Y si esa soledad es una imposición del mundo y no una elección? No es raro que la sensibilidad, que es la materia prima del arte, también sea la puerta de entrada al dolor, a la incomprensión, al borde del abismo.
La carta de Vincent van Gogh a su hermano Theo es un espejo. Un susurro. Un grito disfrazado de calma. La escribió hace siglo y medio, pero la podría haber escrito cualquiera de nosotros, hoy, desde nuestro estudio sin ventanas, desde la mesa de un bar, desde el baño de un piso de 20 m².
Porque la soledad del artista no es una pose. A veces es la puerta para la lucidez. Otras, la rendija por donde escapa.
Si esta carta te toca, compártela.
Si te recuerda a alguien, envíasela.
Y si eres tú quien se siente como Vincent, que sepas que aquí también hay quien te ve.

Mi querido Theo:
Por fin te envío un pequeño croquis para darte al menos una idea de la dirección que está tomando el trabajo. Porque hoy he vuelto a eso.
Mis ojos todavía están cansados, pero de todos modos tenía una idea nueva en mi mente, y aquí está el boceto n. º 30 una vez más.
Esta vez es simplemente mi dormitorio, pero el color tiene que hacer el trabajo aquí, y al simplificarse dando un estilo más grandioso a las cosas, sugiriendo aquí el descanso o el sueño en general. En definitiva, mirar el cuadro debe descansar la mente, o mejor dicho, la imaginación.
Las paredes son de un violeta pálido. El piso es de baldosas rojas.
El armazón de la cama y las sillas son de color mantquilla fresca.
La sábana y las almohadas de color verde limón muy brillante.
La colcha de color rojo escarlata.
La ventana verde.
El tocador naranja, el lavabo azul.
Las puertas lila.
Y eso es todo: nada en este dormitorio, con las contraventanas cerradas.
La solidez de los muebles también debería expresar ahora un reposo inquebrantable.
Retratos en la pared, un espejo, una toalla de mano y algo de ropa.
El marco, ya que no hay blanco en la pintura, será blanco.
Esto para vengarme del forzoso descanso que me vi obligado a tomar.
Trabajaré en ello de nuevo todo el día de mañana, pero puedes ver lo simple que es la idea. Se eliminan las sombras y las sombras proyectadas; está coloreado en tintes planos y lisos como los estampados japoneses.
Contrastará, por ejemplo, con la Diligencia de Tarascón y el Café nocturno.
No te escribiré mucho, porque mañana empezaré muy temprano con la luz fresca de la mañana para terminar mi lienzo.
¿Cómo están tus dolores? No olvides darme noticias sobre ellos. Espero que me escribas en los próximos días.
Un día también te haré un boceto de las otras habitaciones.
Te estrecho la mano con firmeza.
Siempre tuyo,
Vincent
Vincent van Gogh: Carta a su hermano Theo, 16 de octubre de 1888
Tal vez, al leer la carta, te hayas visto reflejado en algo más que en las palabras de Van Gogh. Tal vez sea el momento de hacernos preguntas que nadie se atreve a hacer, de sacudirnos el polvo de la rutina, de darnos permiso para ver el arte que surge en la sombra, fuera de los focos.
Si esto te ha tocado, si sientes que las palabras aquí compartidas te abren algo en el pecho, te invito a seguirnos en este viaje. A veces, el arte se alimenta del reconocimiento y el apoyo. Si quieres ayudarnos a seguir creando estos espacios de reflexión y creatividad, regálanos un café en Ko-fi. Lo que para ti es un gesto pequeño, para nosotros es un empujón que nos permite seguir.
Porque, ¿quién sabe? Quizás lo que nadie se pregunta hoy, se convierta en la respuesta que necesitamos mañana.
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2 comentarios sobre “¿Y si Van Gogh estaba solo y no loco? La soledad del artista”